En la búsqueda de construir un mundo más sostenible, a menudo encontramos paralelismos sorprendentes entre las dinámicas humanas, familiares y los principios de conservación del suelo. En una reciente capacitación con @mamaconamor, las enseñanzas de Ana María Franco nos llevaron a reflexionar sobre cómo las lecciones aprendidas en el seno familiar pueden aplicarse al manejo sostenible de nuestros ecosistemas.
En nuestra vida cotidiana, especialmente en las dinámicas familiares, a menudo nos encontramos tratando de cambiar aspectos de aquellos que nos rodean. Ya sea que anhelemos que nuestra pareja preste más atención a ciertos detalles o que nuestros hijos adopten hábitos específicos, estamos inmersos en una búsqueda constante de transformación. Sin embargo, ¿qué pasaría si, en lugar de enfocarnos en cambiar lo que nos rodea, nos detuviéramos a reconocer y valorar lo que ya está presente?
Este pensamiento esencial de «partir desde lo que hay» fue resaltado por Ana María Franco en sus reflexiones sobre la construcción familiar. Pero, ¿cómo podemos aplicar esta filosofía al cuidado de la tierra? En muchas ocasiones, nuestras expectativas sobre nuestros suelos reflejan un deseo de que sean resistentes en todas las estaciones, que soporten constantes cargas o que respondan siempre de la mejor manera a un determinado cultivo. Nos encontramos exigiendo sin realmente considerar lo que ya está presente en nuestros suelos, sus características innatas, y lo que son capaces de ofrecer. Es momento de reflexionar sobre si estamos distanciados de la realidad de nuestros suelos. ¿Les estamos pidiendo más de lo que realmente pueden dar sin tener en cuenta las consecuencias?
Y para dar respuesta a esta pregunta, Ana Franco nos ha brindado una perspectiva reveladora al introducirnos en el concepto de Pensamientos Automáticos y Sistémicos (PAS). Estos patrones de pensamiento, que se activan automáticamente en situaciones complejas de nuestras vidas, están presentes tanto en nuestras familias como en nuestras prácticas agrícolas. La reflexión sobre cómo estos procesos mentales impactan nuestras vidas nos lleva a cuestionar decisiones que podríamos estar tomando de manera automática.
En el ámbito agrícola, observamos la repetición de patrones de pensamiento aprendidos, especialmente en la planificación y ejecución de cultivos. A menudo, seguimos fórmulas aprendidas sin detenernos a considerar las necesidades específicas de nuestros suelos en constante cambio. Esta automatización de procesos nos lleva a aplicar prácticas agrícolas que pueden no ser las más adecuadas para el entorno actual.
De manera similar, en nuestras vidas familiares, aplicamos PAS sin cuestionar su origen. Estos pensamientos automáticos pueden generar conflictos y tensiones innecesarios. Así como en la agricultura, donde las decisiones automáticas pueden tener consecuencias negativas a largo plazo, en la familia, estas respuestas automáticas pueden afectar las relaciones y la armonía.
Las lecciones que aprendemos en nuestras familias pueden iluminar el camino hacia un manejo más sostenible de nuestros ecosistemas. Reconocer y valorar lo que ya tenemos, potenciar nuestras fortalezas y desafiar los patrones de pensamiento automáticos nos ayudará a construir familias y tierras más saludables y prósperas. Es hora de sembrar la semilla de la sostenibilidad en todos los aspectos de nuestras vidas. “Esto es vida”